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El Amazonas, en manos de Noruega

Noruega se planta. Si no se frena la deforestación de la selva tropical del Amazonas, el país escandinavo cogerá sus mil millones de dólares en ayudas medioambientales y se las llevará de vuelta a Europa. La que seguramente es la iniciativa más importante del planeta contra la deforestación pende de un hilo.

 

Ganadería, agricultura, la industria maderera y las minas fueron los que hicierón que en los últimos 20 años se perdieron 10 millones de hectáreas de selva. Una quinta parte del territorio español o mucho más de la mitad de la península de Yucatán.

 

Desde 2008, cuando el Gobierno brasileño decidió tomar las riendas en serio el cuidado del Amazonas, la tasa de deforestación de la selva se ha reducido drásticamente (de los 19.000 km2 que desaparecían en 2005 a unos 5.000 en 2015).

 

¿Qué había pasado? El Amazon Fund. Impulsado por el presidente Lula da Silva, el Fondo nació en agosto de 2008 con la intención de recaudar donaciones para, por un lado, "prevenir, controlar y combatir la deforestación" y, por el otro, "promover la conversación y un uso sostenible de la Amazonia brasileña".

 

Brasil parecía tener claro que para conservar el patrimonio del Amazonas había que transformar social, económica y medioambientalmente una enorme región de América del Sur. Un reto tan grande que no podían ellos solos. Fue un éxito, se trató de una década prodigiosa en cuanto a conservación de la selva se refiere.

 

El año 2015 fue el primer de la década en que el número de km2 desaparecidos aumentó. "Entre 2015 y 2016, la deforestación de la Amazonia brasileña vivió un tendencia al alza preocupante" y la decisión del gobierno noruego es que "incluso un aumento bastante modesto" de la deforestación haría que las ayudas se retiraran.

El Gobierno de Brasil ha salido rápidamente a la palestra asegurando que los datos señalan que el repunte de la deforestación de los últimos años se ha conseguido estabilizar: "indican que es posible que se haya estancado y esperan que los nuevos datos pronto apunten una tendencia a la baja". 


Más allá del terreno deforestado: las prioridades del Gobierno han cambiado
Pero la preocupación del gobierno noruego va más allá: no está dispuesta a pagar una fiesta en la que no cree ni el gobierno brasileño. Tras la destitución de Dilma Rousseff, Brasil ha iniciado algunos movimientos para eliminar la protección de grandes áreas del Amazonas y para reducir las exigencias ambientales que deben cumplir las explotaciones agrícolas.

Hace unos meses, el New York Times publicó un reportaje en el que destapaba las conexiones entre las grandes corporaciones internacionales y la deforestación. Entre 2011 y 2015, más de 1200 km2 se perdieron en el Cerrado, la sabana subtropical brasileña, para cultivar soja con destino a Estados Unidos.

Además, los presupuestos de los ministerios y las agencias encargadas de proteger la selva se han reducido drásticamente tras la llegada de Michel Temer a la presidencia. Y las políticas orientadas a buscar modelos que desarrollaran la selva y a sus habitantes están estancadas.

Si Noruega se retira, ¿Entonces qué?

Entonces, tenemos un problema. El Fondo está coordinado por el Banco Brasileño para el Desarrollo, y durante esta década ha sido capaz de reunir a algunos grandes donantes. Concretamente a tres: Petrobras (6.943.180,50 dólares), Alemania (28.323.207,40 dólares) y Noruega (1.100.276.320,84 dólares).
 

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