¿Inducción, gas o vitrocerámica? ¿con cuál te quedas?


¿inducción o vitrocerámica o gas? qué placa elegir











Los detractores y defensores de los distintos tipos de placas o encimeras pueden generar tanto debate como si es mejor el Colacao que el Nesquik o el gazpacho con pepino o sin pepino, el "pà amb tomàquet" o el pan con aceite... Los que cocinan con gas te dirán que no hay calor más vivo. Los de la inducción, que no hay nada más fácil de limpiar. Los de la vitrocerámica, que admite todo tipo de recipientes. Y los de las placas eléctricas... bueno, no sé si quedará alguien ya que defienda las placas eléctricas, la verdad.

Lo cierto es que cada forma tiene sus ventajas y sus pegas. La inducción es ultrarrápida: el calor se genera directamente en la base del recipiente, con lo que el tiempo de precalentamiento se reduce a la mitad. Las placas en sí no se calientan, por lo que no se quedan los clásicos pegotes de comida carbonizada que no hay forma de limpiar. Y consumen menos que las vitrocerámicas. Eso sí, son caras, y todas las cazuelas no sirven para cocinar en ellas.

El gas es lo que más se aproxima al fuego tradicional, por lo que es la energía preferida por los más puristas. También es muy rápido en transmitir el calor, admite todo tipo de cazuelas y tanto los fogones como la fuente de energía utilizada son los más asequibles. ¿Pegas? Sobre todo, la limpieza, además del posible riesgo de escapes por descuido si eres un poco descerebrado.

Las vitrocerámicas, por el contrario, funcionan con toda clase de recipientes, sean de barro, cobre o hierro fundido. Aunque no son tan fáciles de limpiar como las de inducción, sí lo son más que las de gas. Permiten aprovechar el calor residual una vez apagadas, pero consumen más energía y son más lentas en calentar.
 
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